Selección
Todos juntos, apelotonados y sorbiéndose los mocos esperando a oír cada nombre.
Hace frío en ese patio lleno de ecos, risas, nervios y angustias compartidas. El miedo crece, también la impaciencia y las miradas superiores de los que poco a poco ya forman parte de un equipo. Todos serán elegidos antes o después, y cada vez quedarán menos, cada vez más débiles, más torpes, más olvidados e impopulares ocupando el banco.
Al final de ese principio, la vista del último aún sentado se concentrará en los pies, en la lazada de sus tristes cordones o algún guijarro grisáceo del suelo; y todo para no ver que está solo, que es el sobrante, ese impar que verá jugar al resto de la clase apretando sus manos entumecidas por el rechazo. Selección natural a la inversa, lección de vida real en la hora de gimnasia.
Tantos años después y continúa doliendo. Sigue ahí la misma mirada vidriosa, pidiendo desde algún rincón de sus pupilas, diciéndoles a todos que será más hábil y más rápido si es preciso, que será como es o fingirá alguna otra cosa, que se convertirá en lo que le pidan que sea. Lo hará todo por ti, por vosotros, por este equipo. Escógele antes que al resto. No es tan difícil, sólo tienes que pronunciar su nombre. Hazlo en voz alta.
Elígeme.


