tres palabras
Pasan los años y no me siento más adulta, sólo más y más pequeña. No sé la razón, pero encojo con cada aniversario. Apenas si llego a la mesa, de puntillas y aferrándome con las manos al mantel, para así alcanzar con mi vista ansiosa las velas encendidas.
Ya son unas cuantas. Veintisiete, escrito todo junto y del tirón para que no se me escape ningun año perezoso. Vivo contenta en mi minusculez, en mi apretadito lugar dentro de este planeta inmenso que conozco cada vez menos.
Cuantos más años, también más aficionada soy a las palabras pequeñas, esas llenas de provisionalidades, de andamios que las sujeten porque, de tan débiles y transitorias, pueden derrumbarse con el primer meneo que le demos con el pie. Son mis favoritas porque también son las más raras y difíciles de encontrar, esas que no se venden por catálogo ni podrían fabricarse por encargo.
Las que me regalan las voy guardando todas en el cielo del paladar, aunque sólo tenga por ahora tres: "beso", dicho de tal modo que se escapen sus letras en un susurro de los que se cuelan por debajo de la ropa y ponen la piel de gallina; "risa", que me explota siempre en la garganta, descontrolando mi compostura y las pautas que impone el protocolo; y, por último, una que guardo envuelta entre algodones para que no se me golpee: "fe".
"Fe", que con caligrafía aniñada y escrita a lápiz en una hoja pautada, se esconde tras la campanilla, tímida y delicada, la más minúscula de todas, la más frágil y asustadiza, aunque también la más independiente, la que se me viene a la punta de la lengua cuando menos me lo espero y me vence y me convence con su sola insinuación en la comisura de los labios.
Eso es todo lo que me han regalado en este cumpleaños: tres palabras, nada más y nada menos.






misscalamar dijo
felicidades tía grande. es bonito el 27, no digas que no :)
besos enormes!
12 Septiembre 2009 | 10:10 AM