Oslo
Un par de veces has estado a punto de hacerlo, con la flechilla del puntero sobre el botón Aceptar. Luego lo piensas y te da miedo; al final te rajas y cierras la ventana. No sé. Puede que te atrevieras si alguien te empujase a ello, ¿sabes lo que te digo? una persona que dijese: Compra dos billetes y nos vamos a Oslo, que le den al mundo. Pero no hay nadie así, nadie vendrá a salvarte; estamos todos demasiado ocupados rescatándonos a nosotros mismos. El mundo se pone más a contrapelo de lo habitual para ti, pero no harás nada para remediarlo.
Yo fui tú hace un tiempo y no tuve un Oslo como destino, ni un alguien que se prestase a agarrar mi mano mientras despegábamos. Mi escapada consistió en un fin de semana tirada en un sofá con la única compañía de una bolsa de galletas en forma de oso a los que fui descuartizando sin piedad. El domingo sólo me quedaban decisiones fulminantes y migas salpicando la alfombra. Resultó menos evocador que Oslo en mayo, pero igual de efectivo.
En ocasiones inventamos soluciones complejas y utópicas para problemas sencillos aunque dolorosos. A veces construímos obstáculos que nos impidan actuar para así no sentirnos tan culpables por no hacerlo. Tú a eso acabarás llamándolo madurar. Otros le diríamos renuncia.






poedia dijo
A mí me pasó en vez de Oslo, con Pekín. Bueno, me sigue pasando de modo recurrente en verano... Como me de un calambre en el dedo, la lío. Lo de la bolsa de galletas tiene su aquel, y a veces es casi tan apreciado y difícil de conseguir como un billete a la otra parte del mundo, no creas.
Cualquier "isla" en algunas alturas del año, es siempre muy bien valorada...
Besotes!! :D
7 Mayo 2009 | 12:07 AM