astenia
Se confunden la realidad y la ficción, lo que estaba dentro con lo que flotaba fuera, todo fundido y entreverado como esa masa gris en que se convierten las plastilinas de colores al mezclarlas. Y yo que me siento extraña, una especie de pajarraco cambiando sus plumas, un abrigo vuelto del revés sobre la cama.
No sé. Rara. Me veo desde fuera y me caigo mal, pose de imbecil y con restos del carmín para vagas redomadas. Algo pasa entre mi pensamiento y la acción consecuente; lo que planeo se va escurriendo y, gota a gota, acaba por formar un charco azulado en el suelo del baño. En la cabeza todo tiene sentido, en el papel se queda en un paso hacia delante, dos hacia atrás. Nadie dijo que fuese fácil decir lo que quieres decir como lo quieres decir.
Por eso estoy como dándome la mínima importancia, mirándome por encima del hombro en cada espejo que encuentro y hasta recurriendo al viejo vicio de recogerme el pelo en una coleta ridícula. Un día de estos tropezaré en el pasillo de casa y me daré un par de bofetones contra las paredes, a ver si espabilo de una vez. Y es que la indolencia es dañina, se alimenta de siestas y horóscopos de revistas a costa de escribir menos, siempre menos que ayer.
Mientras tanto, y ante esta historia mía a medio contar, me consuelo asegurando que todo es culpa de la primavera, que la desgana y la astenia me tienen presa.






sansar dijo
dos cositas:
1. me ha gustado mucho lo de darte la mínima importancia y que te mires por encima del hombro.
2. come muchos cereales, legumbres, frutas, verduras de temporada y leche fermentada con L-Casei (lo dice la wikipedia).
bicos, boba.
25 Marzo 2009 | 10:09 PM