paraíso
El paraíso es ese lugar en el que tú ya nunca estarás.
No puedo creer que lo hayas hecho. De nuevo un último intento por volver al pasado, o más bien el penúltimo, porque tratándose de tí siempre existe una vez más, una llamada, un mensaje o un cruce de miradas en alguna calle empedrada hasta el cielo.
Me has llamado, increíble, para anunciar que te casas. Alucino. No por tu boda, que era el siguiente paso lógico en el proceso de domesticación y aburguesamiento al que te dejas someter; más bien porque no sé qué haces contándomelo.
¿En qué estás pensando?
Hablas de los preparativos y del duplex pagado por sus padres, de lo poco que te gusta el frac y tu alergia a las rosas de invernadero. Y te presiento como hace tiempo, acorralado como lo están los peces en las redes de arrastre; aunque ahora ya no me das pena. Te dije una y mil veces que la vida consiste en decidir, en elegir cosas y dejar de escoger otras y que cuando no lo haces, cuando te quedas quieto, entonces es la corriente quien gobierna tus pasos.
Todos los consejos te los ofrecí hace milenios, cuando creía que me pertenecías de algún modo. Hoy ya no. Te he escuchado sin replicar y has llenado el silencio de planes de futuro y valses vieneses.
Cuando se te acabaron las palabras inventé una verdad que sonase a excusa para despedirnos.
Lo último que dije es que me alegraba por tí.
Tú preguntaste si aún deseaba huir.
Fue entonces cuando colgué el teléfono.








Madeleine De Cubas dijo
Pues sí, en qué estaría pensando? O mejor dicho, no creo que le queden muchas neuronas que le permitan pensar. Definitivamente, este hombre jamás conocerá el paraíso.
5 Marzo 2009 | 05:34 AM