tu juego preferido
Hoy viendo a Catherine en la pantalla he recordado aquella afición que tanto te consumió los días de lluvia de aquel año bisiesto.
Al final no conservé el vestido rojo que me regalaste, aunque siempre supe que te habría gustado que lo llevase para tí. Estarías encantado de emular al Sorel despreocupado que fuma entre los árboles mientras su mujer es azotada a unos metros.
De esa enfermiza vocación brotaban todos tus gestos delatores: los abrazos excesivamente ajustados, la costumbre de reprenderme con disimulo y el uso de aquel vocabulario de régimen militar. Eras un maestro en conducirme de tal modo que siempre acabase la escena arrodillada ante tí y pidiendo clemencia. Era entonces cuando más disfrutabas. Se te notaba.
Repasaba hoy tus lecciones de francés, de cuando me enseñaste que la diferencia entre una flor y una puta puede ser mucho más sutil de lo esperado y te pasabas tardes enteras de domingo empeñado en hacerme vocalizar, sílaba a sílaba, todas y cada una de las frases de Severine.
Recordé entonces como me hiciste enloquecer con tu maldita obsesión por la petite Severine. Aunque nada como aquel día en que te cacé murmurando los diálogos de Piccoli mientras recorrías el pasillo del supermercado con un tinte rubio platino entre las manos. Fue la gota que colmó el vaso.
Ya te lo había dicho antes, y te lo repetí en aquel momento: nunca jugaría contigo a las películas. No hasta ese punto. Pero tú no podías remediarlo, al fin y al cabo era (y es) tu juego favorito.





flor _deloto dijo
A veces salimos airosas cuando rebovinamos la película, otras no.
Beso
9 Diciembre 2008 | 02:00 PM