fundido en negro
Me quedo quieta. Aparento la normalidad y precisión con que trabaja el velcro. Calculadamente despreocupada, obsesiva y llena de pensamientos paralizantes. Como si por quedarme quieta todo doliese menos.
Algo ocurre bajo tierra, en mi vientre. Apenas un temblor, una tímida vibración que interrumpe mis latidos y me deja los labios secos y los ojos inundados en lo que podrían llamarse lágrimas.
Y el frío, siempre el frío acechando mis costuras. Será cosa del viento que arrecia, o puede que se haya instalado en mí el gusano de la desolación, esa quietud tan típica de los faros antiguos que ya nadie pone en funcionamiento.
Hay algo fúnebre en los edificios abandonados y las ruinas polvorientas. En ellos, todo lo que antes era útil y guardaba cierto sentido se ve convertido en un amasijo de escombros y jeringas, en un zoológico de ratas y condones.
Y yo, que tan firme me siento a diario, que tan bien me encuentro siempre, que lo comprendo todo y analizo la realidad como las computadoras procesan datos; yo, me atasco.
Siento que pierdo el norte y se me nubla la vista, se me cubren de lluvia las mejillas y apenas puedo tragar nada. Y mientras, este fulgor blanco me taladra los ojos y pienso que quizá me encuentre mejor si me paso al bando de los ignorantes, a de los que se contentan sin ver.
Puede que todo duela menos estando a oscuras.






ZOA dijo
Niña, haría un libro con tus "posts". Tu dirás: un libro sin sentido. Yo lo titularía: TODO EL SENTIDO.
14 Noviembre 2008 | 12:52 PM