clavijas
- ¿y has buscado algo por aquí cerca?
- llevé mi currículo a la oficina comarcal hace unos meses pero no me dijeron nada.
- ya, pero sabes como es esto, el mundo funciona a base de, ¿cómo llamarlo?, clavijas - hace un gesto, como si metiese los dedos en un enchufe- y sin electricista no se hace nada. Déjame tus datos a ver que puedo hacer por ti, ¿sí?
- Como quiera.Por un momento aquello sonó como si hubiese vendido mi alma al diablo.
Hoy es un gran día. Un día de escalofríos que nacen en la boca y de ojos cerrados para apresar toda la acidez de las primeras mandarinas de la temporada, de jugar con un gajo hasta que sólo su pellejo correoso bote de un molar a otro, de un incisivo al velo del paladar.
Hoy es un gran día, de esos en que se me caen las sonrisas y derrocho notas a pie de página. Tengo aquel plan urdido en una noche de relámpagos horizontales, compuesto por varias flechas y ese callejón adoquinado y, por supuesto, la palmera que brotó a la sombra de la catedral. Todo parece encajar ahora: mi obsesión por los mostradores de madera, las tiendas de pequeñas cosas, los albaranes desfasados y los braseros bajo mesas camilla.
Comprendo, además, que este momento no es fruto de la casualidad. Las cosas echan a rodar, se desperezan mis resúmenes, las ofertas de empleo, las insinuaciones y algunas propuestas, mis años y la ropa de entretiempo.
Todo alza el vuelo.
Y tengo ya más fechas para marcar en el calendario que días guarda el mes, menos espacio libre que nunca, un caos controlado y varios rotuladores fluorescentes que se fugan de la mesa. Parece que las clavijas empiezan a servir, a ponerme en marcha, aunque no sean aquellas que me prometía el diablo-concejal hace unos días.






Miss Calamar dijo
Suena tremendamente bien!
:)
5 Septiembre 2008 | 07:56 PM