período ventana
This means that although the virus is present in the person's blood there are, as yet, no (detectable) antibodies in the blood. In such cases the tests erroneously show that the person has not been infected.
Te sientes bien, las pruebas preliminares fueron negativas y te parece que, a pesar del riesgo que corriste al no protegerte, estás salvada.
Te equivocas, nada más lejos de la verdad. El virus está escondido en algún punto entre tus venas y arterias, agazapado, esperando el momento propicio, ese en que atacará sin piedad.
Hubo contacto, piel con piel, roces sin una película protectora, sin la asepsia propia de hospitales y sexo de pago. Sabes que se mezclaron fluidos con palabras, palabras con caricias, caricias con legañas y que mucho de lo que está bien se enredó con aquello que siempre acaba mal.
A pesar de todo sigues con tu vida, despreocupada y creyéndote libre de la cárcel de los sentidos. Entonces, se presenta esa oportunidad para que la infección asalté tu corazón y lo tome por la fuerza:
El deseo se parecía a una punzada de hambre que aúlla como un dolor bajo el corazón, o a un dolor pequeño que se despierta como el hambre en el alma. No se acordaba exactamente de cuándo había brotado en él esa velada ansia por el camino en forma de una tenue fuerza incorpórea. Era como si se hubiera acostado con las puntas de los dedos pulgar y corazón juntas, y al vencerle el sueño, su mano hubiera caído de la cama y los dedos se hubieran abierto. Entonces se había despertado sobresaltado, como si hubiera soltado algo. En verdad, se había soltado a sí mismo. Y el deseo estaba allí. Terrible, implacable deseo, tan fuerte que, bajo su peso, empezó a cojear del pie derecho…*
Lo lees y te parece tan tuyo, que mientras sientes que tus primeras trincheras mentales han caído, paladeas cada sílaba con esmero; como esos hedonistas locos, rendidos al placer de su droga preferida. Acabas el párrafo sabiendo constatando que ese palpitar del que se habla es lo que a ti te ocurre desde hace tiempo, que puede que por eso tropieces y te olvides de marcar números cuando llamas por teléfono. A lo mejor es la razón de tu insomnio perenne, del mal humor intermitente y los dolores continuos, de todas esas hojas de reclamación presentadas por un cuerpo mucho menos complicado que la mente que lo gobierna.
Quizás tú, que te creías a salvo de los virus y pensabas que un eficiente sistema inmune borraría todo rastro de emoción desbocada, deberías reconocer que, pasado un tiempo de incubación, has sucumbido.
* El último amor en Constantinopla o la Novela Tarot para la adivinación. Milorad Pavic.





sansar dijo
el fallo positivo...
bss
21 Junio 2008 | 03:46 PM