artículo de lujo
Venimos de mundos diferentes y por eso es difícil que consigas ponerte en mi piel. Los españoles siempre hacéis preguntas que para alguien como yo parecen estúpidas. Dudas de si quiero a tu tío, sobre si estamos enamorados o no, y no hay forma de que pueda hacerte entender que para mí hablar de amor es como hacerlo sobre el espíritu de los muertos.
Aquí os ocupáis de cosas poco importantes porque tenéis de todo y no sabéis el infierno en que puede convertirse la vida. Hablas de amor y de felicidad porque nunca te has visto obligada a sobrevivir a cualquier precio. Si lo hubieses hecho sabrías que todo eso que tanto aprecias es accesorio y que tiene poco que ver con lo realmente primordial.
La desesperación hace que reconsideres tus prioridades. Por ejemplo, yo no puedo ni podré nunca sentirme avergonzada por haber sido puta. Era necesario, así de simple. Aterricé en Madrid a los 24 años, con una familia que esperaba ayuda y dinero para salir de Nigeria y con sólo el número de teléfono de un compatriota. Había un sitio para mí en un bar a las afueras, en la carretera vieja de Vigo. Aquello, aunque no lo creas, supuso la salvación para mí porque dejé de estar sola e hice amigas entre mis compañeras.
Ahora te lo cuento y a ti te horroriza pensar que me vendía por dinero. En realidad sólo era un trabajo, un medio para un fin. Lo único que nos diferencia es la mentalidad. Las mujeres de aquí tenéis... proud, you know... orgullo, tú tienes orgullo. Yo sé que con eso no habría comprado la salida del país de mis hermanos, ni tampoco pagaría mis deudas. La dignidad es un lujo que te das, como las joyas o el maquillaje, pero que se abandona si es necesario.
Cuando ya llevaba dos años en esto, en el 98, conocí a M. Fue un buen cliente desde la primera noche, diferente en algunas cosas pequeñas. Los hombres cuando pagan se olvidan de ti, te conviertes en un objeto para su uso y placer. Se bajan los pantalones, se tiran en la cama y miran al techo esperando que hagas tu parte. Cuando acaban dejan el dinero, se visten y se van. Pocos dicen algo o se dirigen a ti, te ignoran como si fueses un animal.
Ni siquiera se da el nombre real. Inventas uno y te acostumbras a usarlo siempre. Llega un momento en que eres dos personas distintas: una, la puta complaciente con un nombre exótico como Lulú; la otra, una mujer normal que sólo trata de salir adelante.
Tu tío me hablaba, contaba chistes y cantaba al oído cosas que yo no entendía bien. No me trató como si fuese basura o como si por pagar yo dejase de ser persona. Esa fue la diferencia entre él y los otros. Y cuando me quedé embarazada, ¿sabes? no me preguntó si podría no ser el padre. Nunca dudó.
Me sacó de allí una madrugada y acabamos en Vigo, en la playa de Samil. Hacía casi cuatro años que yo no veía el mar y nos quedamos en la arena hasta que amaneció. Después me instaló en su casa y me presentó a toda la familia.
Tú preguntas si le amo y yo no estoy segura. Únicamente sé que, ahora, gracias a él me puedo permitir sentir algo, lo que sea. Ha puesto ese privilegio a mi alcance.










sansar dijo
precioso, sita, precioso.
dudo en eso que afirma de que la dignidad se abandona. En esta historia no, por lo menos.
bss viajeros.
30 Octubre 2007 | 08:03 PM