Andén primero, vía tres
Sólo con mirarte sé que hubo para ti muchas ocasiones previas a ésta. En las más lejanas vacilabas, temblando y sin saber bien que hacer. Después llegaría la práctica, las noches de suerte, las mujeres complacientes, los rincones oscuros y el progresivo hastío ante la repetición de un mismo esquema de seducción al uso.
Un día todo ocurre como si no estuvieses realmente presente. Te distancias para ver como un desconocido se apropia de tu cuerpo. Te alivia ese olvido de ti mismo, el desdoblamiento personal que pone tierra de por medio entre emoción y pensamiento, entre lo que quieres y lo que tienes.
En la versión barata de eso que algunos denominan hacer el amor y que tú llamas con orgullo follar, te gusta la idea de obviar al otro como ser racional. Convertir el tonteo en negociación y un regateo sobreentendido, ofreciendo semen a cambio de gemidos, sudores por arañazos y perversiones en pago a dosis extra de adrenalina.
Y en esas continúas todavía, años después; buscando un rastro de sexo que llegue a satisfacerte, un deseo que no se desmorone, que no te decepcione tratando de abrir su boca insulsa además de sus piernas.
Y es que no estás buscando flores raras, esas cuya belleza perdura más allá de las primeras 24 horas y no se marchitan si tratas de conservarlas eternamente; flores que quizá no existan y en las que ni piensas siquiera.
En esta época en que nadie se mira a los ojos, en que todos nos perdemos en un punto de fuga hipotético; donde un rápido contacto ocular tiene la fuerza de una provocación directa y el mantener una cálida contigüidad corporal en un banco público es una perversión subterránea; en estos días de verano pegajosos es cuando apuras tus opciones de éxito entre la muchedumbre.
Ahora te veo sentado frente a mí en esta estación, a la espera de un tren de media distancia que trae retraso, barba de un par de días, un equipaje simulado y gesto relajado.
Alargas el brazo para rozar un muslo ajeno con una caricia sutil; mientras, dejo caer el bolígrafo sobre el cuaderno entreabierto. Se cruzan las miradas, aumenta el pulso y se esboza una media sonrisa tentadora en tus labios.
En completo silencio te levantas en dirección al baño, caminando con garbo y sin volverte, como quien ha seguido esta estrategia cientos de veces, como un Napoleón convencido de la victoria.











laluzenmi dijo
buenísimo. aunque una rociada de spray antivioladores no le vendría mal al napo.
desco is back!
3 Septiembre 2007 | 06:19 PM