La charla de la Oruga
- ¿Quién eres tú?- dijo la Oruga.
Esta pregunta no era muy prometedora para iniciar una conversación. Un poco avergonzada, Alicia contestó:
- Yo... ahora, casi ni lo sé, señora. Al menos, sé quien era cuando me levanté esta mañana, pero he cambiado varias veces desde entonces.
¿Qué quieres decir con eso? - dijo severamente la Oruga - ¡Explícate!
- Me temo que no puedo explicármelo ni yo misma, señora - dijo Alicia - porque, como ve, yo ya no soy yo misma.
- No, no veo - replicó la oruga.
- Siento no poder decírselo más claro, porque, para empezar, ni yo misma lo entiendo. Y además, es bastante confuso cambiar tanto de tamaño en un mismo día.
- No, no lo es - sentenció la Oruga.
- Bueno, quizá a usted todavía no se lo parezca, pero cuando se convierta en crisálida..., ya sabe que ese día llegará..., y después en mariposa, supongo que todo le parecerá un poco raro, ¿no?
- En absoluto - contestó la oruga mientras tomaba el narguile en su boca.
- Usted ve las cosas de otra manera, pero lo único que sé es que a mí sí me resulta extraño.
- ¡A ti! - gritó la Oruga con desprecio- ¿y quién eres tú para juzgar?
Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carrol.
Insinúan algunas miradas reprobadoras que me estoy sumiendo; como les ocurre a los racimos de uvas, los higos en su secadero o las tiras de melocotón al sol. Me resumo, que diría mi madre. Se me achican partes que hasta el momento no hacían sino crecer; sucede contra natura, desafiando toda lógica físico-química.
Presiento los huesos afilados tratando de abrirse paso hacia la superficie de la piel, buscando una zona libre por la que colarse para hacerse ver. Es extraño el funcionamiento del cuerpo, de mi cuerpo.
Menguando, perdiendo gramos (por no decir kilos), ganando tela sobrante en mis ropas, observando curvas que se suavizan, contornos que cambian día a día y se asientan como sábanas frescas sobre el colchón de siempre.
Encojo como lo hacen los jerseys de lana al centrifugarse, como mi propio pelo si le dan libertad, como el equipaje de quien lleva demasiado tiempo de viaje. Aligero mi lastre, me desembarazo de esas reservas del "por si acaso" y los cajones para los "quizá más adelante".
Me presento ante el espejo y me cartografío para familiarizarme conmigo y con el cambio en marcha. El análisis se prolonga hasta que pierde sentido lo que veo, hasta que me resulto tan ajena e inhóspita como un folio en blanco sobre el que nadie escribió.
Entonces realizo el proceso inverso, y busco los puntos de partida, lo esencial en que permanezco: en los lunares, óvalos y líneas oblícuas que resisten a pesar de todo. Reencuentro mi par de ojos, el puñado de hoyuelos y las cicatrices en piel satinada.
Me reconcilio conmigo, con mi nuevo o viejo yo; y aunque soy una Alicia perpleja ante tanto cambio, estoy de acuerdo con la Oruga en que los cambios son de lo más natural.










sansar dijo
no es tan menguando. Es que estás tomando impulso para salir disparada hacia las estrellas ;)
bss
30 Agosto 2007 | 08:31 PM