tacto
Yo tenía diez o doce años cuando aprendí mecanografía, aquellas clases inmensas y heladas en que sólo se oía el ruido rítmico de las olivetti; a todo trapo unas, vacilantes y lentas las otras.
Recuerdo que era invierno y cuando iba de vuelta a casa caminando por las calles, llevaba las manos en los bolsillos de la chaqueta y me entretenía observando cada rincón, cada tienda, cada aparador y escaparate que me encontraba.
Todas las cosas que veía las etiquetaba mentalmente; y aquellas palabras que surgían iban repitiéndose en mi cabeza, mientras los dedos tecleaban entre la ropa, en el abrigo o apretados en unas manoplas de lana gruesa.Fue casi enfermizo, costumbre compulsiva y febril que seguí perpetuando por mucho tiempo, hasta el punto de dibujar palabras por medio de golpeteos en casi cualquier superficie. Incluso una vez lo hice en la espalda de Cata.
Fue una noche de Julio, en que tras el sexo cayó rendida sobre el colchón desnudo de mi cama. Mientras trataba de recobrarse, me declaré a ella a lo largo de su espalda, escribiendo con mis dedos todo lo que sentía al estar a su lado.
Sólo conseguí hacerle cosquillas con mi amor y mis deseos ciegos.A pesar de que nunca lo supo realmente, siempre llevará en su piel el rastro, la huella de mis frases dedicadas. Me gusta pensar que, de algún modo, todo eso la envuelve; reconfortándola cuando se sienta mal, como un talismán o un embrujo que no sabe que posee, pero que lleva consigo allá donde vaya.
Como en aquella canción brasileña, tatuagem se llamaba, permanecer de algún modo...
Más cosas que no sé donde colocar, o que sí, pero me gustan tanto tantísimo que no puedo aguantar sin exhibirlas.
PD: la canción está bien, la estética del vídeo ya... jejejje










sansar dijo
m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-o (¡clinck!).
17 Junio 2007 | 11:02 PM