La bola de nieve rueda ladera abajo...
- ¿No sabes nada?
- ¿sobre qué?
- ¿P no te lo ha dicho a ti primero?
- No sé nada de ella desde hace más de una semana, está desaparecida...
- Pues... bueno... es un secreto de Estado, pero te lo digo, habla con ella...
- Venga, dime
- Está embarazada de casi dos meses
- JO DER....
- sí, joder....
No hace tanto comentamos ante un café lo serena que estabas. Hablando de hacer las cosas bien, tener prioridades y ser adulta. Decías convencida que todo iba como debería, que por fin veías un camino claro, un destino al que llegar. Y yo lo creía, de veras.
Pensé que todo estaba mejorando, que controlabas tu vida. Tantas y tantas veces pidiéndote que fueses responsable, que actuases con cabeza y pensases antes de tirarte a la piscina.
Aún recuerdo nuestras risas ante las descabelladas ideas de aquellas que se embarazaron con quince para atrapar a sus novios de entonces. Ya no tienes esos insensatos años, pero si la misma mentalidad. Eres una niña pequeña, manojo de impulsos descontrolados, de extremos bipolares coartados a golpe de diazepam, a base de recetas de ansiolíticos.
Oígo que tendrás un hijo y me asusto. Me da miedo lo que ocurrirá contigo, con M y con ese crío. Inundo la mesa de preguntas a propósito de tu tratamiento crónico, de la bomba hormonal y emocional que supone un embarazo, de la forma en que esto te afectará y si M podrá ser algo parecido a un padre, un amago de apoyo personal y económico para alguien como tú, tan necesitada de muletas y ruedecillas supletorias.
Sigo sin poder creerlo. Después de recitarte un rosario de métodos, de tu incompatibilidad con la píldora, mi apología del anillo, de la desconfianza que te generaba una fina capa de látex y de asegurarme que no caerías nunca en aquello de creer que él controla y la marcha atrás funciona. Con aquella agenda en que dibujé un plano para que pudieses llegar a orientación familiar, de hablar maravillas de la doctora B y jurarme que harías uso de las 72 horas de margen si algo fallaba. Después de tanto prometer, de tanto asentir ante mis arengas cuasimilitares, veo que nada sirvió.
No estás preocupada, estás pensando en nombres y padrinos. Eso es lo peor, que te parece perfecto, confías en que todo se resolverá sólo; y de nuevo caigo en la cuenta de que soy yo la más sensata de las dos, la que siempre se empeñó en ejercer de adulto responsable, de Pepito Grillo o ángel salvador particular.
Me toca tener miedo por las dos; preocuparme, ser yo la que se pregunte cómo vas a poder con todo, de qué modo conseguirás que funcione tu vida y si podrás ser una buena madre algún día.
Esto no ha hecho más que comenzar...









laluzenmi dijo
quizá, solo quizá, su vida funcione por fin y sea una buena madre. no lo descartes.
20 Mayo 2007 | 08:40 PM