Un día como tantos....
Terminamos sucumbiendo como antaño. En el aire se respiraba un ambiente rancio: olor a alcanfor, polvo, humedad y fórmulas oxidadas que no provocan lo esperado.
Tenemos más tiempo que nunca pero se nos hace tarde para casi todo. Nos quedan recuerdos encima de la mesa, tras el servilletero y la carta de cafés. Desaparecen las insinuaciones, los juegos de manos, las avanzadillas de pies y el lenguaje de mis mechones de pelo. Nos hemos convertido en viejos amigos.
Me viene a la mente la odiosa Brigitte y esa canción; no sé si sonando en la cafetería o sólo en mi cabeza. No tengo idea de francés, así que sigo la letra fonéticamente, cual loro que no comprende nada.
Te ríes, consciente de mi ignorancia y el significado de las frases que voy soltando a bocanadas, como una fumadora que no se traga el humo y juega con él para darse importancia.
Hablamos de esto, aquello y lo de más allá; superficiales y profundos a un tiempo, utilizando palabras de simbología secreta que hoy parecen ser sólo parte de un rito antiguo.
Nada cambió para nosotros y esa fue nuestra sentencia de muerte, nuestro tiburón que dejó de nadar. Hoy todo ha pasado, nos arrastra la corriente y sólo podemos saludarnos desde lejos.
Te vas con otra y sigo sin entenderlo. Aún así éste me parece un día distinto, un día en que estaré bien sin tí.










poedia dijo
El lenguaje de los mechones de pelo tiene pinta de ser una poesía de puntillas, que solo se entiende cuando la nostalgia hace de traductora... Y ves? Al final parece que el recuerdo, que es capaz de amargar y matar, se atenúa y te trae la tranquilidad de un día como el de hoy, por ejemplo.
Qué bello post, desco... pero qué bello!! Un besote.
30 Abril 2007 | 10:50 PM