En blanco y negro
Leone- Venanzi... es triste cuando uno ha aprendido cada movimiento del juego.
Guido- ¿qué juego?
Leone- bueno... éste. Todo el juego de la vida.
Guido- ¿lo aprendiste?
Leone- sí, hace mucho tiempo.
Las reglas del juego; Pirandello.
En un mundo ideal habría reglas absolutas que sirviesen de un modo universal, habría un solo juego al que poder jugar.
Es éste un lugar imperfecto, tierra de nadie llena de incertidumbres y ojos desconfiados. Hay no sólo un juego, sino múltiples, contradictorios y de normas engañosas. Cientos de condicionales, posibilidades que se abren en abanico y pocos referentes válidos.
Todo sería mucho más sencillo si la vida fuese en blanco y negro, sin matices ni apuntes a pie de página. Si existiesen normas claras que delimitasen los movimientos, si hubiese una meta, una casilla con la que soñar.
Los decálogos y las listas de pecados capitales se han quedado obsoletas, llenas de salvedades, bulas papales y dispensas para sortear el viernes de cuaresma y caer en la tentación de la carne sin miedo a la posible condena.
Todo se vuelve relativo y me siento estafada; yo, a la que siempre le pintaron un mundo de blanco y negro, de bien y mal, de ángeles contra demonios. Ahora me dicenn que hay otras formas, otras posibilidades, situaciones especiales en las que se permiten blasfemias y cuentos de miedo.
No entiendo los grises, se me hacen densos como bancos de niebla y me siento mal, fatal. Me siento culpable por no sentirme culpable; como ese niño que descubre que robar un caramelo no ha hecho que arda en el infierno, pero le hace soñar cada noche con ello, con las llamaradas y los cuerpos ensartados en tridentes gigantescos.
Sentirme mal por no sentir remordimientos; curiosa forma de juego.









solounpoco dijo
Cómo saber las reglas del juego si no sabemos a qué jugamos. La pluralidad nos hace pequeños.
Besos
5 Marzo 2007 | 11:39 PM