La pesca con cucharilla
Es un arte, y como todos, tiene su técnica, que no resulta nada fácil. Hay muchos elementos importantes, porque mira; la cucharilla hay que elegirla según los colores del río. Si en el fondo hay mas arena que piedras, o lodo, o hasta algunas algas que cubran las orillas; eso hay que tenerlo en cuenta. Debe ser lo suficientemente atrayente, la trucha no es tonta, tiene que ver algo que le guste y la provoque, ya sabes ¿no?
Además, como buena pescadora que quiero que seas, tienes que empezar a meterte en la mente de tu presa, pensar como ella y saber a donde apuntar tu lance en cada momento. Cuatro cosas son importantes: 1) tirar río arriba a la zona sombría y con menos corriente; 2) no dejar que el sedal afloje en la retirada; 3) que el ritmo de recogida sea constante y 4) estar preparados para un ataque súbito.La cosa funciona de esta forma: la trucha va a saltar sin previo aviso, con mucha fuerza; son así, actúan por impulso. Y entonces es cuando tienes que mantener la cabeza fría y estar tranquila, porque si te puede la impaciencia y tratas de llevarla hacia tí demasiado rápido seguramente se soltará. Hay que dejar que luche, que crea vencer y ser ella la depredadora. Cuanto más zarandee la cucharilla más y más se le irá clavando el anzuelo en la boca.
En su lucha acaba por condenarse, y tú lo único que debes hacer es esperar; dejando que se lleve unos metros de carrete, que se mueva de un lado al otro. Cuando esté recobrando fuerzas recoges suavemente, como algo natural, siguiendo la corriente del río que la mece y arrastra plácidamente;ella no sospechará lo más mínimo.
En algún momento notará como se clava el aguijón en su mandíbula y eso la asustará; tratará de alejarse retorciéndose frenética, pero será tarde, un buen anzuelo cuando entra ya no sale. Con brazo firme y constante se recoge hilo, sin tensar demasiado no sea que rompa, pues los animales heridos y acorralados pueden sorprenderte con su fuerza. Al llegar a la orilla, lo mejor es una red para alzarla y posarla en la hierba. Ahí se la deja boquear y morir. A mí esa parte nunca me gustó, me perturba verlas asfixiarse, últimamente las devuelvo al agua.
Es difícil saber si somos el depredador o la presa, si el coyote se comería al correcaminos si lo atrapase, o si puede que sea la trucha la que vence cuando alcanza el indulto por su mirada gelatinosa.
Hay veces en que me creo trucha, otras seré pescador; pero siempre con sedales, hilos que nos enlazan, que tiran de nosotros y nos hacen retorcernos y resistirnos a nuestro destino.
Porque eso de la cercanía, de estar enganchado a otro, eso siempre da miedo. Te hace retroceder aunque tengas la certeza de que te liberarán, o precisamente por eso, porque puede que una vez en la orilla no quieras volver al agua y desees quedarte sin aliento sobre el césped, aunque eso no tenga ningún futuro y te lleve a la muerte.








laluzenmi dijo
me recuerda al arte de la guerra, de sun tzu. jo, qué taimada eres. lleven cuidado con la desco, que se las sabe todas. ;P
me ha encantao.
sobre todo cuando descubre el susto de la pobre trucha al verse con el anzuelo clavado.
vaya, tu abuelo empieza a devolver a los pececillos al agua, así me gusta!
26 Febrero 2007 | 07:16 PM