Tarde, cocina y sopor
Me siento repetitiva, como un capítulo en reposición de Friends. En dejá vù permanente, siguiendo con los labios las conversaciones ya oídas anteriormente, los chistes y las risas enlatadas de cada episodio. Me sé el guión completo, desde el primero al último.
Duermo más horas que nunca y despierto con el mismo sopor de siempre. Recupero la bata de felpa rosa que me convierte en el único ser vivo visible desde el espacio, las zapatillas groenlandesas y una cinta para el pelo que deja al descubierto el tránsito de ideas que se pasea por mi frente. Arrastro los pies, tropiezo con las alfombras, me amodorro y enrosco en una silla de la cocina junto al fuego y un siamés de mirada aviesa me confunde con un cojín.
Recurro a las actividades que nunca fallan; paseo bajo la lluvia con mi alter ego perruno, me calzo el gorro de latex naranja para una travesía a nado en nuestra vuelta a casa, como los salmones contra la corriente de charcos y barro acumulados. Sesión de secador, galletas friskies y barritas de cereales para ambos.
Cocino sin medida ni control, aprovechando el carnaval; filloas-crepes, representaciones realistas de lo que es una oreja de cerdo en versión repostera y el acto irracional y sin sentido de ponerme a pelar piñones hasta que mis manos son negras, uno de mis pulgares se hincha por acción vengadora del mazo y amaso, avariciosa, un pequeño montículo de piezas con olor a pez.
Coloco luego los productos de mi neurosis en diferentes bandejas, les pongo papel de plata y los envío por mensajero a las casas vecinas sin apenas probarlos.
Mientras meriendo mi bol de yógur con tropezones que me hacen soñar con ser un ardilla (chip o chop) y comer piñas llenas de resina, me doy cuenta de que he encontrado mi libro de revelaciones disfrazado de recetario de Maizena, con viñetas de Liechtenstein explicando como rellenar profiteroles.
Reparto en forma azucarada mis divagaciones de estos días, estrujo la masa amarillenta de mis dudas y frío mis más oscuros miedos. La verdad, mis neuras no saben nada mal así espolvoreadas, con unas pizcas de canela y un vaso de Cointreau.
RECETAS
8 cucharadas rasas de harina de trigo, maicena vamos...
3 cucharadas de mantequilla o margarina
1 sobre de levadura
3 huevos
2 cucharadas de azúcar
Anis (vale El Mono, valen semillas o hasta esencias)
Pizca de sal
5 cucharadas de harina de trigo (colmadas)
5 cucharadas de harina de maiz (colmadas)
1 vaso de leche
1/2 sobre de levadura
4 huevos
2 cucharadas de aceite de girasol (de oliva si te gusta el sabor fuerte)
1/2 vaso de ron blanco
rayadura de un limón
2 cucharadas de azúcar
PD: las recetas las pongo para que no haya envidias, me oye, señorita cefalópoda???








solounpoco dijo
Que divertida parece tu cocina. Gracias por las recetas. De todas formas si tu lo has hecho hoy, prefiero probar de tu puchero. Así me ahorro enfaenar la cocina.
Besos.
19 Febrero 2007 | 10:43 PM