KO (knock out)
04:15AM del 25 de diciembre, resumen provisional
Te sigo resultando pomposa y cínica; demasiado distante, e incluso fría. No coincidimos en cuanto a gustos musicales, ni sobre bebida. Vi tu cara de disgusto al descubrir mi vestido rojo y los zapatos a juego, nunca entendiste que no fuese comedida. Odias bailar conmigo, que te cante al oído estribillos, que me empeñe en enredar con tu camisa y mantenga tus manos en mi cintura sin dejar que me explores con tiento.
Continúan sin convencerte mis ideas políticas, las opiniones más o menos informadas y mis descubrimientos gastronómicos recientes. No dejarías que te depilase las cejas ni seguirías mis consejos de belleza. Te crispa que juegue con los mechones de mi pelo, que mis pendientes parezcan cascabeles y me haya maquillado los ojos de negro. Me cortas las frases, me niegas otra copa y me escondes el bolso para no pueda pagar.
Por mi parte, diré que continúas resultando paternalista y condescendiente, cínico y descreído a partes iguales, inflexible y poco tolerante. Me molesta el humo de tu tabaco, el olor de esa copa empalagosa y el color azulado de la camisa que has elegido esta noche. No me gusta que te pongas lentillas en vez de gafas, y que no te dirijas a la camarera cuando le hablas. Me esfuerzo porque claves en mí los ojos cuando me cuentas que tal tu vida, pero las pupilas se te van hacia los lados y cercanías. Bailas como un pato y tratas de adivinar por el tacto, a través de la ropa, que tipo de medias llevo, si serán panties o de aquellas de blonda.
Me resultas de conversación cargante e incluso por veces pedante, siempre escudado en tu ironía, cargando en mi contra y defendiéndote atacando. Con ademanes de dandy y hombre de mundo, utilizas expresiones en inglés, corriges mi acento cargado y me perdonas a cada segundo la vida.
Me dejas perpleja y satisfecha al ver que todo es lo mismo; que nada ha cambiado, que somos como el perro y el gato. Si tú chillas, yo más; si echo a correr, en dos zancadas me alcanzarás.
Y es esta una situación que me encanta, que tú seas el tío duro, y yo figure como una mujer fatal. Me gusta nuestro juego, en el que fingimos caernos mal. Jurar que no te soportaría ni una semana, ni un día tan siquiera; si no tuvieses esos ojos, si en el fondo no me gustasen tus tonterías.
Eres feliz, y declaras tenerlo todo: mujer, casa y futuro pluscuamperfecto; pero aún así necesitas mis puyas, que hunda las espuelas en tu carne, que arañe; herirnos y ver la sangre. Es ese duelo lo que nos gusta, mirarnos de frente susurrando amenazas que cumpliremos, reírnos de aquellos que asimilan amor a sexo. Cosas claras y pocas concesiones; ni almíbares ni eufemismos; llamando por su nombre a lo que nos exigimos. Lucha de igual a igual, a muerte y sin amaños; en el que uno de los dos acabará suplicando. Lanzándonos miradas desconfiadas, alternadas con ganchos de izquierda y movimientos esquivos, plantados en el ring para este combate. Buen juego de piernas el mío; agiles reflejos con los que tú contraatacas.
Amagas un golpe despistando al adversario, haciéndome creer que irás a mi derecha, a por el costado. Dejas que me proteja, que suponga tus planes, y entonces atacas sin compasión esa zona que ya sabes del cuello. Me has vencido por KO; estoy sobre la lona, rendida y sin aliento, a tu merced y deseos.
Lo curioso es que sonrío, divertida y expectante; no parece que haya caído o esté preocupada porque me hayas vencido. Quizá es lo que buscamos desde un principio: la rivalidad, este juego sin sentido.



maria dijo
Fantástico. Genial.
Escribes de puta madre, por si no te lo había dicho ya.
Un besín.
25 Diciembre 2006 | 07:02 PM