Garantía
Para el ordenador de casa, mi madre compró un multifunción; de esos asombrosos cacharros que fabrican HP, Xerox o cualquier otro japonés mañoso; que es a la vez impresora, fotocopiadora, escáner y nosecuantas cosas más. Un todo en uno que le digo yo.
El caso es que hoy se ha atascado. El carro con los cartuchos de tinta peca de impaciencia, y se ha comido, literalmente, una de las piezas que sirve de guía a los folios. No ha esperado que la tira de plástico se plegase y se le ha quedado enganchada en los bajos. Los gritos de mi madre no serían mayores si fuese su pierna la que estuviese atrapada en el multifunción. Tras unos toques (golpes) expertos con un destornillador, he conseguido liberar a los cartuchos, que han corrido a esconderse a su esquina preferida, como niños asustados y llorosos. La pobre pieza no ha tenido tanta suerte, y se ha quedado maltrecha y renqueante en su lugar. No creo que se salve. Se lo he comunicado a mi madre, que ya me esperaba con la garantía en ristre, dispuesta a usarla como arma; casi olvidando que soy su hija y no el técnico oficial de la marca.
Supongo que ella aún cree en las garantías, a todos los niveles. Hay gente que es así. Se aferra a la palabra dada, y claman al cielo si eso falla. En su cabeza no cabe la posibilidad de error y rotura de contrato. Yo desconfío por naturaleza y creo que la vida es mas imprevisible que todo eso, mucho más azarosa. Y es que no firmamos un contrato al llegar, no hay cláusulas que estipulen lo que es obligatorio. Sólo que hay principio y fin. Lo demás corre de tu cuenta.
No hay elementos ineludibles; nada impide que sufras la más dura enfermedad, que mueras sólo o que te torturen a diario. Lo que consideramos "normal" sólo es lo habitual, lo corriente o puede que lo deseable social y culturalmente. Pero nos olvidamos y actuamos como si la felicidad estuviese asegurada; lamentándonos si se resiste a aparecer, pidiendo que nos devuelvan el dinero, o nos den una nueva oportunidad para hacerlo mejor si las cosas no marchan bien.
Reclamamos así una lista enterminable de cosas, desde una familia estupenda a una muerte plácida, pasando por un coche de lujo, un buen amante, vacaciones pagadas y puestas de sol memorables. Queremos que la felicidad venga a nosotros, que sea parte del guión. El problema es que ese libreto es difuso, improvisado y vago. Que puede ser que te reserve una sorpresa final allá en tu vejez, pero también que esa sorpresa no sea agradable. Quizás vivas una increíble historia de amor o puede que jamás salgas de la monotonía. Podrías morir mañana resbalando en la ducha o desear matarte de mil formas imaginables.
Hay infinitas posibilidades, y gran parte dependen de nosotros. No tienen oficina de reclamaciones o defensores del pueblo a los que acudir, ni tampoco servicios técnicos que puedan arreglarte los defectos de fábrica. Así que sólo podemos tratar de coger la caja de herramientas, ver que se puede hacer y cruzar los dedos.



knivess dijo
De acuerdo el mundo no es justo... eso ya lo sabemos, pero es que a veces todo se junta, ya se sabe las desgracias nunca vienen solas... pero eso no quita que sea un asco y por mucho que digas vive, juega tus cartas, hay momentos en que la cuesta arriba se hace interminable y deseas rodar hacia abajo hasta estamparte y espartirte en mil pedazos. De que sirve esforzarse si luego todo sale al revés? para qué comportarse de forma correcta si no hay ninguna recompensa?
La unica respuesta es que si tu crees que lo correcto es de una forma por mucho que quieras no lo puedes cambiar y te sientes mal contigo mismo si no sigues tus principios.
Maldita la hora en la que construí los mios.
24 Diciembre 2006 | 12:06 AM