Piaget, las montañas, el oso y los bombones

A Alexa, de cinco años y medio, se le enseña una gran maqueta de las montañas suizas. Se representan tres grandes picos, cada uno de ellos siquiendo al anterior en casi una línea recta. Se coloca a Alexa en un extremo y en otro se coloca un oso de peluche.
Se le pide entonces que nos cuente como ve las montañas el oso. En todos sus dibujos mostrará su propio punto de vista, nunca el del pequeño oso. Puede que cuando cumpla los 8 o 10 años sea capaz de contarnos que es lo que se ve desde donde está el muñeco, olvidando su propia posición.
A Jacques, de cuatro años y dos meses, se le muestra una caja de bombones y se le pregunta que cree que contiene. Responde sin dudar: "chocolates"
Se abre la tapa para que vea que está llena de ceras de colores. Entonces se le pide que juegue a los adivinos y nos cuente que cree que dirán sus hermanos que están fuera esperando; de nuevo sin dudar: "colores"
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Decía Piaget que los adultos estamos muy equivocados al pensar que los niños son replicas en miniatura de nosotros mismos, que su comprensión es innata, o incluso que se plantean las mismas cuestiones. Con sus trabajos mostró como los procesos de razonamiento van evolucionando desde lo concreto y personal a lo abstracto e interpesonal.
Existe algo llamado Teoría de la Mente, y consiste en que todos somos capaces de inferir los estados mentales de los demás con independencia de los nuestros, de forma que actuamos en consecuencia teniendo en cuenta lo que el resto de la gente sabe o no sobre la situación, según su punto de vista o lo que podemos creer que piensan al respecto.
En algunos casos, como en los niños pequeños, esto no ocurre y su visión es LA VISIÓN única y unívoca, sin discusión ni opción alternativa. No hace falta tener 5 años para que esto nos ocurra de una forma más o menos automática.
Sentir que todos están enfadados sólo porque nosotros lo estamos, creer que piensan lo mismo sobre la mayoría de temas y por tanto atrevernos a opinar sin saber exactamente que pasa por sus cabezas. No contar lo que ocurre pero pretender que todos lo sepan, entiendan y respondan de la mejor forma. Muchas veces debemos creer que los demás son adivinos, clarividentes que leerán en los posos del café nuestros deseos y miedos; aquello de que quiero que hagas algo; pero que salga de tí, ni pensar en decírtelo, ni soñar con explicarlo.
En algún momento todos nos hemos olvidado de lo poco que el oso ve desde donde está sentado; hemos creído que por supuesto ya sabía de las tres montañas, ni por un momento nos planteamos que quizá suponía que la caja tendría bombones. Estaba claro que tenía ceras, ¿cómo no lo supo antes?



sansar dijo
bueno, srta desconocida, poco más que felicitarte por tu excelente post puedo decirte. No conocía a Piaget pero sé a qué se refiere mucho de lo que explicas en el penúltimo párrafo.
A veces olvidamos que somos/son un singularidad.
25 Septiembre 2006 | 09:30 PM