¿Qué tal estás? (me salgo del guión)
No sé si buscas la respuesta real o la de cortesía. La fuerza de la costumbre me hace decir que bien antes de siquiera pensar. Detalles sobre el tiempo, el calor o el cansancio. Me olvido de mí. Dejo a un lado la verdad. Estoy bien, todo el mundo lo está; yo la primera empeñada en sonreír. Intelectualizo, en ello soy una maestra; mantengo todo cauterizado e higienizado. Tendría que ser sincera. Pero es que yo casi nunca lo soy, y menos conmigo misma. Hablo de mí en segunda persona del singular, alejando cualquier sentimiento de cercanía o de realidad.
Si me atreviese, tendría que decir que la angustia se ciñe a mi cuello por las noches, y que sólo duermo si antes me aturdo lo suficiente con voces, música y narcóticos. Contaría que me siento ante la mesa llena de libros y el terror se posa en mi hombro, no para decirme que no lo conseguiré; si no que lo haré y nada cambiará; sólo una huida más.
Me permito dar consejos que no aplico en mí. Perfecta como confesora, pero hermética cuando se invierten los papeles. Hablo de saltos al vacío y de autoconfianza cuando soy incapaz de dar un solo paso, ni una concesión por nadie. Hablo de ser fuerte, de contenerme y no mostrar debilidad, no solicitar ni una ayuda, desconfiando de los demás y justificándolo todo por algo que viví hace ya demasiado tiempo.
Paralizada por mi propia cobardía, enredada en mis estúpidas convenciones, lastrada por todo lo que me empeñé en esconder bajo la alfombra, sola, con frío y llorosa.
Entonces me coloco en el escaparate; salto al escenario con movimientos felinos, queriendo hipnotizar con la pose adecuada, cuestión de poseer una actitud determinada. Me expongo; desesperada por encontrar algo que niego estar buscando, haciéndome pasar por lo que no soy ni quiero ser; compulsiva, controladora, vacía y superficial, de consumo rápido y fácil digestión, sin complicación ni preguntas, solo diversión y placer artificial.
Preguntas como estoy mientras me derrumbo por dentro, pero tranquilo, volvemos a las formas impersonales, esas que domino bien: ¿preguntabas que qué tal? Ya ves, como siempre.



sansar dijo
lo mismo digo.
12 Septiembre 2006 | 10:58 PM