Si la maquina falla…

Al principio; tras el primer golpe, sólo existía caos y desorden.
Pronto todo comenzó a organizarse, a tener un cierto sentido. Las cuentas empezaron a cuadrar, y aunque en el cajón seguía quedando un triste tenedor, y se amontonasen los pañuelos almidonados con iniciales bordadas sin su dueño, todo pareció acomodarse; se asentó el lodo del fondo del estanque.
Toda maquinaria necesita engrasarse, un poco de entrenamiento, ejercicio aeróbico y ganarse los galones de la costumbre diaria. Algunos veranos y varios perros después, caí en la cuenta de todo lo pasado; había olvidado aquello que ya no viviste, lo que tú no aprendiste y esos telediarios a los que faltaste.
No sé porque, pero hoy un engranaje se atasca, y las señales y guiños fatales se asoman a mis ojos. Cuando dicen que los que se van se quedan contigo, mienten; sólo quedan recuerdos y sueños. No puedo imaginar lo que me dirías ahora, lo que me pedirías, si me querrías, discutirías, estarías orgulloso o puede que decepcionado.
No consigo evocar el tono de tu voz, ni recordar la letra exacta de tu canción favorita. La maquina está definitivamente parada. Digo y me repito que soy independiente, pero es otra mentira más. Querría; me gustaría escuchar que no me equivoco, que lo estoy haciendo bien y te gusta como soy, en lo que me he convertido. Y es que eso es lo más duro, saber que si por algún milagro cósmico volvieses, yo sería una desconocida; sólo un nombre similar, los mismos ojos, el pelo revuelto y la voz quebrada; por lo demás distinta, muy cambiada.
Pido imposibles, que me contesten los muertos, que me hagan una señal por medio de zarzas ardiendo o lenguas de fuego. Tengo miedo porque estoy segura de que otros se irán; siento como se están marchando, poco a poco, en silencio les veo morir, y parte de mí con ellos.
En mis pesadillas me quedo sola viendo como me dejan todos, como se llevan con ellos algo de lo que soy, de lo que éramos juntos. Si creyese en Dios me iría mejor, con un par de velas me contentaría: una Salve y un Credo. Podría poner en marcha la maquinaria otra vez, hacer que camine, que la rutina vuelva; que ya no repare en las sillas vacías, en las fotos amarillas, en la planta de oncología, las batas blancas y en la distancia que me separa más de ti (y hasta de tu recuerdo) cada día.



Marta (Recién Casada) dijo
Pero de repente un día sueñas con esa persona, y de repente le hueles, le saboreas, le escuchas, le cantas, le añoras...
Y vuelves a acordarte de esa canción, del calor exacto de su piel. Y sabes que si volviera a lo mejor le gustaría lo que vería. O no.
11 Agosto 2006 | 08:47 AM