Terapia de choque (administrar con precaución)
Hace tiempo que te perdiste, eso lo sé. Caminabas deprisa y cuando volviste la vista ya no reconocías el sendero por el que transitabas. Te enseñaron a seguir adelante, así que eso hiciste, aunque quizás con menos convicción. Este mundo no es para los pusilánimes ni temerosos y continuaste tratando de no pensar. En principio, renunciar a algunos valores no parece ser problemático; te acomodas, lo dejas pasar: ideales de adolescente, quimeras, ilusiones, tonterías y demás supercherías. No sirven para nada en el mundo real, en esta sociedad competitiva en donde nadie hace nada si no espera algo a cambio.
El cinismo te presta un gran servicio ¿verdad? pero no creo que sirva para ti mismo. Si algo no te gusta puedes deformarlo, transformarlo hasta que presente la imagen de caricatura que te haga sentir menos mal, que permita que el cuello de tu camisa no se apriete una pulgada más alrededor del cuello. Pero los espejos no te siguen el juego y tu cara se cansa de las muecas y gestos forzados.
Podrías viajar cada año al Tibet, navegar por el Mediterráneo, dar la vuelta al mundo, o buscar un gurú que te hablase de los secretos de la vida y el universo. Comprarías todos los libros de autoayuda, discos del Dalai Lama, sesiones de spa y hasta consultas con tu confesor. No creo que nadie te diese una solución que te gustase, que te resultase segura. Los saltos al vacío no suelen incluir un arnés de seguridad, ni una red de protección.
La vida no es sencilla, o no tanto como te venden en los anuncios de créditos hipotecarios. Siempre hay un precio (y unos intereses) que debes pagar, y esa voz que te susurra al oído que no hay nada que puedas hacer, se encarga de recordártelo a menudo. Te tranquiliza, te narcotiza; convenciéndote de lo acertado de tu posición, de lo equivocado de los demás, riéndose de los patéticos esfuerzos ajenos; diciéndote que es mejor permanecer aquí, sestear y dejar que todo pase.
Por supuesto que puedes seguir mintiéndote, asintiendo ante lo que tu cabeza te cuenta; esa posibilidad no te la niego: piensa que la gente finge, que nadie es feliz, que sonríen por compromiso, duermen gracias a las drogas, comen para cubrir deseos insatisfechos, beben para olvidar, compran para intentar simular algo que no es cierto, eso que nunca alcanzarán.
Lo siento por ti, por la visión que tienes de todo y de todos. Debe ser triste ser tú y estar convencido de que la bondad no existe, que todos somos como lobos para los otros, que ya no queda ningún protector, ningún hermano. Yo por las calles aún me sorprendo con flores bellas, nubes de esponja y perros enanos. Escucho canciones que me hacen sonreir y de vez en cuando me cruzo con sherpas, guías y perros lazarillo. Te aseguro que alguna gente sonríe, te ayudan a cruzar la calle, se paran a ver el atardecer como si fuesen niños. Los hay que son felices, que tratan de serlo. Llámalos (llámanos)estúpidos, inconscientes, ajenos a la realidad…aunque si los miras bien (si te miras bien) no sé quien resultará más idiota. Al menos ellos lo intentan.
PD: siempre he pensado que seré muy mala si se espera de mí que compadezca y consuele a la gente. A veces las personas lo que necesitan no es un hombro para llorar, es una buena bofetada que les despierte.
La vida es un asco y puede que a ratos lo sea; pero lo es para todos. Si algo no tiene solución no merece la pena que te preocupes; y si la tiene, actúa y deja de lamentarte.



Knives dijo
Lo único cierto es que tenemos que aprovechar al máximo cada minuto de que disponemos, pues no sabes cuantos más podras disfrutar, los extremos como siempre son malos, ni todo es un asco ni todo es fantabuloso, así que dile a tu amigo q valore lo bueno y que se queje realmente cuando le duela algo... el mayor problema q se puede tener en este mundo (salvando necesidades básicas) es no tener alguna ilusión que te motive, supongo que es lo que le deberá pasar, en cuanto encuentre una volverá a sonreir (un poquito mas al menos)
8 Agosto 2006 | 01:35 PM