El día después (algunas consecuencias)
La cabeza recostada sobre el brazo, el pelo sobre la cara, alborotado, con mechones cubriendo la frente. Mirada perdida, la mente en blanco; literalmente, sólo concentrada en recuperar el aliento, en controlar mi cuerpo, ser dueña de mí. Cierro los ojos volviendo hacia mi interior, suspirando, casi jadeando. Me aparto el pelo de la cara, alargo el brazo y alcanzo unas horquillas, en dos movimientos la maraña castaña se repliega en torno a la nuca. Me siento de nuevo exhausta, como si este pequeño esfuerzo hubiese terminado con mis escasas reservas. Se que vuelve, espero su regreso, me dejo invadir. Hay cierto placer en el dolor, en la nausea. Nubes en mi frente, ante los ojos, haciendo bailar la habitación en torno a mí. Busco algo de paz, un lugar al que asirme con fuerza, pero todo se escapa por el desagüe.
Inspiración, espiración. El aire revive mi cuerpo, entreabro los ojos, la piel sudorosa, sucia; caliente y a la vez helada. Sobre el suelo, descalza, en pijama, arrugada, desmadejada...debería dejarme ir por el retrete. Con la cabeza apoyada en su borde, miro la cascada azul con olor a pato wc. Invisibles gotas de agua se estrellan contra la cara; puedo incluso contarlas una por una.
Las paredes parecen anclarse en su lugar, el tiovivo llega a su fin. Levanto la cabeza y todo se bambolea de nuevo. Aprieto los ojos y los dientes, saco energías que no recuerdo. La ropa parece deslizarse por si misma hacia el suelo; tiemblo por dentro y por fuera. Tengo que apoyarme en la pared de azulejo mientras abro el grifo. Una ducha puede que amortigüe los martillazos, los vuelcos estomacales y el sabor amargo-ácido que me dejan el vodka y sus secuelas.




sinpalabras dijo
No vuelvo a beber nunca más.
30 Abril 2006 | 08:04 PM