donde el mundo se llama Miranda y yo tengo otro nombre, otra vida....

Mi retiro de vacaciones ha resultado ser todo un viaje, en varios y distintos sentidos.
Un viaje a través del espacio, hacia un lugar, ayer familiar, hoy extraño. Un retorno en el tiempo, que sin necesidad de un Delorian, ni un Michael J. Fox que me lleve quemando neumático por una calle desierta; me ha transportado a mi niñez, a ciertas ideas, escalofrios, miedos superados, inseguridades olvidadas, personas que se diluían en mi memoria, que ahora se vuelven a enfocar claramente...
También ha resultado ser un viaje a mi interior, porque como ya he dicho, no hay mejor forma de ver cuanto, y en que sentido se ha cambiado a lo largo de la vida, que cuando nos reencontramos con aquellos con los que compartimos parte de nuestro camino hace algún tiempo. Comprobar como nos hemos desviado del destino común, de los ideales y sueños infantiles; como ya no somos como solíamos, lo que ahora nos separa, y lo que resulta aún más sorprendente, todo lo que a pesar de esas discrepancias, nos sigue uniendo.
Esos lazos que hacen que aún pensemos igual, que nos comprendamos con pocas palabras, que sepas lo que el otro quiere decir, lo que desearía oír de tu boca, el apoyo incondicional, las manos tendidas: la amistad.
Los amigos que se conservan desde la niñez son lo más parecido a la familia que existe. Son a los que les perdonas que les gusten las telenovelas, voten al pp e incluso que te lleven la contraria al hablar de música. A pesar de eso les quieres, o precisamente por eso les quieres más, sabes que hay algo mucho más profundo que os une, algo que supera gustos y tendencias superficiales...A veces me parece un milagro, otras simplemente una suerte, una inmensa suerte. Hay quien dice tener decenas de amigos, yo con tener un par de personas como ella, me siento ya bastante afortunada. Quizás me este poniendo demasiado trascendente; pero hoy, desde este punto en que me encuentro lo veo así. Cuando vuelva a mi centro gravitacional normal, y el aire atlántico me inunde, quizás lo vea todo distinto.
Espero que no me ocurra.


