Postales navideñas

Domingo,11.00 am
Compré un paquete de postales navideñas, con los típicos dibujos de paisajes nevados, niños cantando, árboles y papas noeles de Coca-cola. Pero ahora tenía que escribirlas, y no se me ocurría nada.
Bueno, se me ocurrían pero no eran apropiadas, no creo que a nadie le gustase leer lo que se me pasaba por la cabeza mientras las miraba. Podría poner simplemente lo esperado, lo típico: feliz navidad y prospero año nuevo, no te pases con el cava, ojala el 2006 sea mejor que este 2005...
Aún así parecía que las palabras se negaban a salir del bolígrafo y pasar al papel. Tenía que tratar de empaparme de espíritu navideño aunque no me apeteciese, para así poder escribir algo que no hiciese que mis amigos me odien de por vida.
Recordé que una amiga iba a estar en un centro comercial trabajando como paje, duendecillo, (o como quieran llamarle) de Papá Noel. Fui a verla y así de paso, entre tantos niños, cartas, renos de cartón piedra y lucecitas intermitentes seguro que algo de mi espíritu navideño afloraría para poder escribir las postales como es debido.
Al llegar, me quedé un rato viendo como cada niño, como un paquete, iba pasando por las piernas de aquel hombre, pidiendo cosas y más cosas, juguetes, playstations, bicicletas y coches de Alonso...
Ya no quedaba ni el romanticismo de la pregunta del hombre barbudo sobre si te habías portado bien ese año, si eras bueno con tus hermanos o si aprobabas todo. Ahora cada niño hace su pedido, como a telepizza, el cliente siempre tiene razón, parecen creer, y con descaro y rapidez piden y piden y piden...¿será posible que los niños también hayan perdido el espíritu navideño?
Vuelvo a casa, barajando la posibilidad de no mandar las cartas y llamar por teléfono ese día a la gente, quizá esté más inspirada.
Hace un frío terrible, y con las prisas de entrar pronto al calor del portal casi choco con un vecino. Me farfulla algo de que tiene prisa, que se va de viaje...Llamo al ascensor, espero un rato, y cuando por fin llego a la puerta de mi piso hay una bolsa apoyada en ella.
Ya sentada en la cocina veo que es un plato que hace unas semanas le dejamos al vecino con quien me había cruzado. Él, un hombre mayor, que vive sólo en el primer piso, fue el único que nos abrió la puerta y nos dejó una de sus cacerolas para poder cocinar un pulpo que nos habían regalado. Nosotras, en pago le dejamos una ración para que lo probase.
Ahora nos devolvía el plato, y con él una nota escrita a mano, con letra vacilante, deseándonos una feliz navidad, dándonos lás gracias por el detalle y explicando que nos regalaba una caja de bombones en agradecimiento.
Después de eso escribí las postales. Creo que recuperé parte del famoso espíritu navideño, al menos en forma de sonrisa.



Uxuedivagando dijo
Para mi eso no es "espiritu navideño", sino un hombre cívico y agradecido (los cuales también van desapareciendo con el tiempo).
De todas formas, si a ti te ayudó para escribir las postales...perfecto pues.
Cuidate
19 Diciembre 2005 | 11:35 AM