La Coctelera

aprendiendo del mundo

Categoría: Psicología, psicólogos y otras cosas de la mente...

31 Diciembre 2010

Resumiendo

  

Se nos acaban los días de este año del que dicen fue de cielos ahogados y suspiros plomizos. Mañana empieza uno nuevecito a estrenar, con páginas que huelen a imprenta y promesas a las que aferrarse. Quizás por eso toque hoy hacer inventario de este año partido, de mi vida a dos velocidades, de mi antes de todo aquello y de mi ahora de estos momentos.

Hay días en que creo que nada ha cambiado realmente y otros me descubro desconocida y rara, extraña en un abrigo viejo que no me encaja y buscando en el espejo aquellos gestos que me definían. El azar actúa de este modo caprichoso casi siempre: provocando que lo que ha sido siempre un error se convierta en acierto al fin, que cada tropiezo se vea ahora como un pasito en la dirección adecuada.

Cargaba desde hace demasiado tiempo con un tarro de vidrio lleno de ilusiones fervorosas. He pasado las horas muertas mirándolas con la punta de mi nariz rozando el cristal, pero ahora me he dado cuenta de que puedo liberarlas cuando quiera. Ya no las necesito.

No las necesito porque tengo en su lugar piedras tangibles con las que construir algo, un algo pequeño y no muy estable, un algo eventual y peregrino, colorido, utópico y lleno de transparencias. Es un medio y un fin, un pasaje al futuro que me he comprado con permiso del banco, un juego en el que me disfrazo de gran profesional y actúo como tal. Se trata de un lugar con nombre e imagen corporativa; un pequeño retoño torpe y con problemas de incontinencia, al que educar y críar hasta conseguir que sea algo de lo que sentirme muy orgullosa, que para eso lo he parido.

A eso me voy a dedicar en 2011, a sacar pecho, correr de un lugar a otro y sonreír a los transeúntes.

Feliz año nuevo.

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19 Diciembre 2010

Caligrafía

Escribo notas de aliento. Después doblo el papel unas cuantas veces y lo deslizo en algún recoveco de tus libretas.

Unas veces parece una lista de la compra, otras un mensaje cuadriculado sin demasiados adornos. Siempre con la misma letra encorsetada y elegante, con la misma tipografía formal, deseosa de huir y desbordarse por los márgenes.

Vienes sin cita, te acercas y preguntas mil cosas menos la que deseas. Sonrío sin más. Finjo enfadarme aunque lo haga bastante mal, para después enviarte lejos a base de consejos de madre: abrígate, recuerda los pasos necesarios, estudia al llegar a casa y no olvides los decimales mañana.

Hay días en que arrastras los pies por el pasillo aunque intentes parecer contento, hay tardes en que me muestro inflexible por tu bien, porque una no puede encariñarse de todos los cachorros abandonados, porque estoy segura de que sería totalmente inútil quererte. Me centro en lo práctico, en formas de ayudarte, en maneras de hacerte crecer y que seas feliz.

Empezando por esa letra atolondrada y sin gobierno, para la que inventamos páginas pautadas, caligrafías estudiadas con frases en clave para que repitas en silencio. Por si te sirven de algo.

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4 Agosto 2010

cambio 2

Existen dos tipos diferentes de cambio: uno que tiene lugar dentro de un determinado sistema, que en sí permanece inmodificado, y otro, cuya aparición cambia el sistema mismo. Al primer tipo de cambio lo llamaremos "cambio de primer orden" o Cambio-1 y al otro, "cambio de segundo orden" o Cambio-2.

En el Cambio-1, los parámetros individuales varían pero la estructura del sistema no se altera. En el Cambio-2, el sistema cambia cualitativamente y se producen modificaciones en el conjunto de reglas que rige la estructura en si misma.

Apuntes sobre el Cambio. Biblioteca de terapia familiar sistémica.

He estado aquí y allá, vamos, sin moverme para nada. Meditando demasiado mis siestas, equivocando los botones y las cuerdas, eligiendo el modo más elegante de decir que no cuando me apetezca y de gritar que sí cuando me atreva.

Ya sabes, lo de siempre pero distinto. Repitiéndome pero sin repetirme, cambiando ligeramente la historia de cada vez, modelando las frases y los gestos, desplegando besos precisos y frases jugosas. Cada vez más descentrada, alejándome de aquella vieja órbita primitiva en dirección "ni se sabe".

Cuando me leo después de un tiempo, me parezco una loca que va de un lado a otro golpeándose contra las paredes y con las manos en los bolsillos sin protegerse para nada.

Todo eso eran cambios sin serlo, repeticiones y tropezones en el mismo lugar y de igual forma. Pero ya no. Ahora ya no. Empiezo con mi particular Cambio de cambios. Y ya está en marcha.

PD: Seguiremos informando.

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25 Julio 2010

Oración

Yo soy Yo.
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres Tú.
Yo soy Yo.
Si en algún momento, o en alguna parte, nos encontramos,
será maravilloso.
Si no, no puede remediarse.

Falto de amor a mí mismo,
cuando, en el intento de complacerte, me traiciono.
Falto de amor a ti,
cuando intento que seas como yo quiero,
en lugar de aceptarte como realmente eres.

Tú eres Tú y Yo soy Yo.

Fritz Perls. Oración de la Gestalt.

 

- Mentimos sin parar.
- ¿quiénes?
- Todos. Todos todo el tiempo. Somos grandes máquinas de inventar historias.
- Espero que no te estés enterando ahora, porque eso es viejo ya.
- No, pero de lo que me he dado cuenta es de que yo soy a quien más miento. Más que a cualquier otra persona, y no sé si eso es bueno.
- Depende.
- ¿de qué?
- ¿Te las crees o sólo finges hacerlo para sentirte mejor?
- Buena pregunta.
- Pues ya tienes algo en que pensar.

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23 Noviembre 2009

receta para quererte

El truco es sencillo. Deja de pensar y actúa. Abandona todos los andamiajes de planes. Improvisa. Sonríe. Olvida los defectos y las taras, que las tienes, pero son menos de las que imaginas. Recupera tus virtudes y sácales brillo.

Hazte visible. Compra un vestido rojo y no lo guardes en el armario. Ni se te ocurra cambiarlo, adecentarlo o transformarlo en otra cosa. Maquíllate cuando no te apetezca, compra caramelos con azúcar de verdad y no te permitas sentirte culpable. Ve de tiendas, pasea entre las perchas y elige una, la más hortera, la menos discreta.

Pruébatela.

Atrévete, mírate en el espejo hasta que no te reconozcas o precisamente lo contrario, hasta que encuentres a esa extraña que resultas ser para ti misma.

 

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21 Octubre 2009

el moderno hombre del saco

El Sindrome de Alienación Parental (SAP) es un síndrome emocional y cognitivo, que se plasma conductualmente en una aversión profunda del hijo, sin causas evidentes , hacia su padre (o el progenitor no-custodio). Por sus consecuencias presentes y futuras en el desarrollo del niño es un maltrato infantil grave. Este es un sindrome relativamente frecuente y no es el típico "malmeter" de toda la vida.

Psicopatologia del niño y el adolescente. VVAA

 

Se hizo pis en la cama la noche anterior a su partida. Hacía lo menos tres años que no le pasaba algo como eso, desde aquel verano en que por no cruzar el aterrador pasillo de la casa de la yaya Juana, se había meado un par de veces tratando de aguantar hasta que se hiciese de día.

Por la mañana, se vistió despacito, anudándose los cordones con parsimonia, con la lentitud que seguro emplean los condenados al preparar la ropa para su último paseo. En la mochila de viaje metió cosas al azar; un libro de cuentos de cuando era pequeño, la figura del oso polar de goma en actitud amenazante y un par de pelotas de tenis lisas y sin pelo de tanto estrellarlas contra la pared del patio en las horas muertas.

Antes de salir de casa tuvo que ir al baño ocho o nueve veces, algunas de ellas a vomitar el desayuno, otras, la mayoría, a mirarse en el espejo. Se lo había enseñado el médico al que fue cuando pasó lo que pasó. Cuando estuviese triste, o  muy muy asustado, tenía que ir a buscarse el reflejo. Le explicó que eso se hacía porque la gente tiene miedo cuando está sola, cuando sabe que algo malo le puede pasar y no hay nadie allí para ayudarle. Por eso tenía que encontrarse, para ver que ahí estaba su imagen y que nada malo ocurriría porque ya era un niño grande y él y su reflejo podrían afrontar lo que fuese.

La verdad es que no le sirvió de consuelo, porque un niño de nueve años es sólo un niño a pesar de que lleve consigo su imagen, y más sabiendo que se iba a encontrar frente al Hombre del saco en unos minutos. Sudores y escalofríos por la espalda, la piel de gallina y esa especie de jadeo asmático se apoderaban de Pablo con la sola idea: ese Hombre le esperaba, con su barba frondosa y los ojos de fuego, alargando hacia él aquellas manos grandes y con esos gritos como truenos que recordaba de la última vez que se vieron.

Habían pasado muchos años, más de la mitad de su corta vida, y aunque había olvidado muchas cosas, guardaba en su memoria aquella forma gutural de pronunciar su nombre, reclamándole, posiblemente para meterlo en su saco y poder después hacerle polvo los huesos o asarlo a la parrilla.

Además, la yaya Juana, le había explicado como tuvieron que huír de él, porque ese Hombre terrible los había tenido presos durante años y años, portándose mal con mamá, obligándoles a hacer cosas que no querían y a dejar de hacer otras que les gustaban. Pablo había escuchado las historias de cómo escaparon y de cómo él les persiguió desde que tenía uso de razón.

Por supuesto, aunque le temía, también le odiaba. Era una bestia terrible, un gigante comeniños al que unos señores habían decidido darle a Pablo una temporada. Hoy era el día. Tiritaba en un rincón de aquella salita de espera. Miraba fijamente al suelo reluciente tratando de distinguir en él su reflejo, buscando su imagen en las baldosas para poder coger fuerzas. Cuando escuchó la puerta abrirse, y después los pasos firmes que se le acercaban, no se atrevió a levantar la vista. Sabía que era él. Podía adivinarlo por el sonido de sus zapatones contra el suelo. Entonces aparecieron aquel par de botas desgastadas, zapatos de gigante, pensó; y contuvo la respiración.

El siguiente segundo fue eterno, en total silencio, sin duda porque el Hombre del Saco estaba estudiando cuantos filetes podría sacar de él aquella primera noche. Pablo temblaba con su trocito de baldosa envuelto en lágrimas y apretaba contra el pecho la mochila, a pesar de que se le estaba clavando la esquina del libro de cuentos en el estómago. No pensaba aflojar ni hacer ningun otro movimiento que pudiese poner en marcha al Hombre del saco.

La señora que venía con él, entonces, empezó a hablar:

- Ven, Pablo, seguro que ya no te acuerdas de él, mira, este señor es tu papá.

Incrédulo y confuso, levantó la vista para encontrar esa misma barba y sus mismas manos, el mismo hombre con el mismo corpachón de gigante y sus botas de siete leguas, aunque al buscar aquellos ojos de fuego que creía recodar vio que no, que el Hombre del saco parecía haber perdido esa fiereza de la que tanto hablaban su madre y su yaya y ahora delante de él, su pequeño reflejo, sólo lloraba.

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26 Junio 2009

la teoría del hula hoop

El objetivo es hacer girar un aro, con movimientos ondulantes y rítmicos, a la altura de la cintura.
Para ello lo primero es anclar firmemente los pies al suelo y colocarse en el interior del juguete sosteniéndolo con ambas manos a la altura indicada. Debe entonces soltarse el hula hoop al tiempo que se impulsa en una dirección, mientras el jugador mueve su cuerpo en el sentido contrario, tratando de contrarrestar la gravedad y buscando la horizontalidad del mismo.
Cuanto más rítmico, armónico y suave sea el movimiento, más se perpetuará el ejercicio de equilibrismo.

Instrucciones para hacer girar un hula-hoop.

Y después leo:

Uno de los primeros tratamientos propuestos contra la histeria femenina fue ideado por el mismo Hipócrates al incluir para dichas pacientes tablas de ejercicios que sirviesen para "asentar" el útero en el organismo, entre las que se encontraban el uso y "baile" del aro, hecho a base de una flexible rama de parra la cual se trenzaba y enroscaba sobre si misma hasta cerrar una circunferencia suficientemente amplia.

Una historia de la enfermedad mental. VV AA.

Y ya que estoy, un video alusivo y friki a más no poder, ¡qué mal me sienta el verano!

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5 Junio 2009

nieve virgen

Entre esos límites temporales, ¿son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. Tampoco es la belleza una piedra de toque; y la vulgaridad - o al menos lo que una comunidad determinada considera como tal- no daña forzosamente ciertas características misteriosas, la gracia letal, el evasivo, cambiante, anonadante, insidioso encanto mediante el cual la nínfula se distingue de esas contemporáneas suyas.

 Lolita. Vladimir Nabokov

Su amor olía a gajos de mandarina. Con ese aroma pegajoso en los dedos que tantas veces la habían explorado en sueños y bajo la tela de aquella camisa que aún guardaba la forma de su cuerpo sobre el pecho, pasaba las horas muertas estudiando el color de las paredes.

Vivía de los instantes de cortejo de aquellos meses de invierno en que la observaba pasar por su lado sin siquiera mirarle. Apenas rozaba el suelo con sus pies y él se contentaba siguiendo las huellas que dejaba en la nieve, superponiendo las gigantescas botas a la memoria de sus delicados zapatitos marrones, fundiendo ambas en una sola. Ya en año nuevo, ocurrió lo impensable; posó en él sus pupilas azules provocando que se tambaleasen hasta los cimientos de los bancos del parque.

En los siguientes días llegaron las sonrisas, las miradas huidizas y ese hormigueo que precede a las grandes citas. Para abril ya había barrido el recuerdo de todas las anteriores. No era la primera, por supuesto, hubo otras ninfas; algunas que lo pusieron mucho más fácil, que parecían estar más dispuestas a dejarse descubrir y conquistar por él, pero ninguna era ella. No tenían ese brillo húmedo en el centro mismo del labio inferior, ni el encanto de su melena enredada en un desbarajuste rubio; quizás fuesen más perfectas en muchos sentidos, pero también menos puras.

Ella no, ella era nieve primavera, de esa caída en los últimos temporales de frío y hielo del invierno; tardía y deliciosa, frágil y etérea, de una pureza fuera de tiempo y lugar porque ya llega el sol, ya viene acechando el verano y los deshielos arrasarán con todo, convirtiendo la nieve en esa masa compacta y marrón, a dos pasos del barro y a un soplo de la depravación.

Y llegó el día, la oportunidad en forma de puerta abierta y caseta de mantenimiento apartada. No fue difícil, ella lo deseaba, alargó su mano y le siguió por el camino empedrado mientras devoraba la mandarina que le había ofrecido como regalo. Cohibida y pequeña, se dejó llevar hasta el interior como la niña obediente que siempre fue, permitiéndole despejar todas las interrogantes de su cuerpo de hada, ahogando él cada sollozo con su lengua taladradora, las manos firmes sobre los muslos para sujetarla, alzando la falda, bajando las bragas y haciéndola suya entre canciones de cuna susurradas . ¿Lloraba?, quizás lloraba, no lo sabía ni importaba demasiado, tan sólo existía su piel, su dulce olor, aquellas proporciones perfectas en un tamaño tan exiguo, las sonrosadas mejillas surcadas por lágrimas, preciosa y radiante en su desorden de mocos colgando y gotas de sangre en los calcetines.  Había momentos en que parecía resistirse, pero aunque sabía que aquello podría ser demasiado, no se detuvo. Tenía que intentarlo, hacerlo, se lo pedía sin palabras, llegar hasta el final antes de que se hiciese tarde; debía probarla, enseñarle las reglas del amor y la física del deseo. Siempre quiso ser maestro y esto era lo más cerca que estaría nunca de dar una clase magistral, de las que no se olvidan jamás.

Forzó su boca tantas veces y de tantas formas que acabó por rompérsele el labio en un reguero carmesí nacido en la comisura, un daño que entonces a él le pareció horrendo, un sacrilegio que violentaba por completo su cara. Se enfadó con ella por ser tan quebradiza como para no soportar su amor, tan desagradecida que ni le miraba a la cara, tan puta como el resto, tan sucia e indigna como todas las que había confundido anteriormente con ninfas.

Hasta hacía unos minutos ella parecía ser nieve virgen en una ladera perfecta, impensable creerla madura para descender por ella pero imposible resistirse a la tentación de hacerlo. Ahora no, ahora era ese hielo que se acumula en los arcenes tras el paso del quitanieves: fea y ajada, corrupta y sin alma, tan desechable como todas las de su género, pequeñas o grandes, rubias o morenas; grotescas mujeres que siempre le despreciaban.

Como a todas, la metió en una bolsa y la bolsa a su vez en el contenedor de basura. Se había vuelto a equivocar, ella no era una ninfa: sangraba como el resto, se rompía, perdía la inocencia y al final lo abandonaba dejándole solo y con un inmundo cuerpecillo del que deshacerse entre mondas de color naranja.

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por ahora poco más que un rompecabezas en proceso de construcción y reconstrucción continua. Aún no he escogido mi decoración definitiva... en fase de pruebas estoy PD: se agradecen los comentarios, asi que ya sabeis...

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